Golmajería Artesanal. Una palabra riojana de otra época para una marca de hoy. Gominolas de fruta natural que no son para niños — son para quien sabe darse un capricho.


El Caprichoso nace para desmitificar la gominola. Hecha a mano en La Rioja con fruta de la región — uva, pera, cereza — y dirigida a un público adulto que entiende el dulce como un lujo ocasional, no como un antojo infantil.
El nombre lo dice todo: el caprichoso es quien tiene un deseo y se lo concede. La marca construye sobre esa idea — exclusividad sin pedantería, artesanía sin nostalgia.
Tipografía de palo seco atemporal para el nombre; script artesanal para el baseline "Golmajería Artesanal". Siete círculos concéntricos como icono — la forma de la gominola, el cierre de cuerda y arandela, el ADN visual que recorre toda la marca.
Imágenes en blanco y negro, stampings en oro, papel vegetal. Una papelería sobria que convierte cada pieza en un objeto que apetece guardar antes de abrir.

Las cajas de gominolas son cajas de joyas. Al retirar la tapa, la bandeja explota y se despliega sola presentando el producto. Cada sabor tiene su color: morado para uva, verde para pera, rojo para cereza — una franja visible por debajo de la tapa que hace el packaging atractivo desde el lineal.
Los canisters, las cajas de caramelos con palo, los bag in tube de zumo, los kits de agrupación: todo el sistema comparte el mismo cierre de cuerda y arandela — el elemento que hace reconocible la marca de lejos y convierte el unboxing en una experiencia.
Gominolas, gominolas refrigeradas, caramelos con palo, zumos bag in tube, kit "El Caprichoso" y kit "Doble". Seis formatos distintos, un único sistema visual: el círculo, el oro, el cierre de arandela y la franja de color que los une a todos.
Cada pieza es autónoma y reconocible por sí sola. Juntas forman una marca que no se confunde con ninguna otra en el lineal.
Las gominolas de lujo no existen — o no existían. El Caprichoso construye esa categoría desde cero: con el rigor gráfico de una joyería, el origen de un producto artesanal y el atrevimiento de reivindicar un dulce como objeto de deseo para adultos.
La influencia de Morag Myerscough en las bandejas desmitifica el color como recurso infantil. El stamping dorado lo eleva. La papelería en papel vegetal lo cuida. Todo suma hacia lo mismo: un capricho que vale la pena darse.