La hidromiel es la bebida más antigua de la humanidad. Los dioses la bebían. Los vikingos la veneraban. Y Honeyfield la mete en una lata. La dirección de arte tenía que estar a la altura de esa contradicción: lo más antiguo en el formato más moderno.
Si el concepto de marca es "la bebida de los dioses", el imaginario visual tenía que venir de donde se representa lo divino: el arte sacro cristiano. Las vírgenes con aureola, los santos con destellos de luz, la iconografía de lo sagrado.
Pero no como pastiche religioso — como lenguaje estético. La aureola no es un símbolo de fe, es la forma perfecta para coronar una lata y convertir un producto de supermercado en algo que parece salido de un retablo.
Lo que los dioses bebían, ahora cabe en el bolsillo.
— Concepto Honeyfield
La decisión de color no fue arbitraria. El dorado es el color de lo sagrado en el arte medieval: los fondos de pan de oro, las aureolas, la luz en los mosaicos bizantinos. El naranja y el ámbar son el color de la propia hidromiel.
Una paleta que conecta el producto con su imaginario sin forzar la metáfora — el color ya lo dice todo antes de leer una sola palabra.
Usar la aureola como elemento compositivo principal. Colocarla siempre centrada sobre la lata para crear una tensión visual entre la forma circular sagrada y la forma cilíndrica industrial. Construir toda la ilustración desde esa tensión.
Los destellos de luz — esos rayos que irradian de las imágenes sacras — se convierten en el segundo elemento gráfico, recordando que esto no es un producto ordinario.
Que mezclar registros que aparentemente no tienen nada que ver — arte sacro medieval y packaging de lata moderna — funciona cuando hay una razón conceptual sólida detrás. El imaginario cristiano no chirría en una lata porque no es decoración: es la consecuencia directa del concepto.
Si el argumento de venta es que esto lo bebían los dioses, lo mínimo es que el envase lo parezca.
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