Cuando el producto es excepcional, el packaging no necesita convencer. Solo necesita estar a la altura.


Martínez Somalo lleva décadas elaborando embutidos riojanos de referencia. Somalo Luxury nace como submarca premium para dar respuesta a un segmento concreto: el consumidor que no compra un producto, compra una experiencia.
El reto era diseñar un packaging que hablara de lujo desde la austeridad — sin dorados, sin excesos, sin recursos fáciles. Un objeto que justificara el precio antes de abrirse.
Blanco total. La caja no tiene color — tiene textura. Un gofrado floral cubre toda la superficie, invisible a distancia y presente al tacto. El lujo aquí no se ve desde lejos: se descubre cuando lo tienes en las manos.
El único acento de color es el terracota del logotipo y el cerdo alado — exactamente el mismo tono que aparece dentro, en el chorizo. El packaging y el producto comparten el mismo color sin saberlo.

Al abrir la caja aparecen dos loncheados individuales: salchichón y chorizo. Cada uno en su propio sobre de film transparente sobre cartón blanco, con el nombre del producto en tipografía de peso y el cerdo alado como sello.
El producto se muestra, no se esconde. La transparencia es parte del discurso: si el producto es bueno, que se vea.





El cerdo alado en terracota funciona como marca dentro de la marca: aparece en la caja, en los loncheados individuales y en los etiquetados nutricionales. Es el hilo conductor que une todos los elementos del packaging sin necesidad de repetir el nombre completo.
La tipografía es serifa en peso medio — entre el refinamiento y la contundencia. Lo suficientemente clásica para transmitir tradición, lo suficientemente limpia para no caer en lo anticuado.
Un packaging que funciona como objeto de regalo sin necesitar lazo ni bolsa. Que se distingue en lineal por lo que no tiene: ni color de fondo, ni foto de producto, ni claims en grande. Solo el nombre, la textura y el acento justo.
Somalo Luxury no compite con otros embutidos. Compite con otros regalos.