Marca nueva, raíces antiguas. Prado Castells nace con la voluntad de reivindicar la Denominación de Origen Baena para un público que no la conoce todavía — sin nostalgias, sin tópicos, con el rojo como única declaración de intenciones.



El rojo no es un accidente. Es una apuesta deliberada contra el verde oliva y el dorado que saturan el sector. Una marca nueva no necesita parecer antigua — necesita ser inconfundible.
Prado Castells es una marca nueva que nace con vocación de posicionarse en el segmento premium del aceite ecológico. El producto tiene Denominación de Origen Baena — una de las más reputadas de España — pero eso no bastaba para diferenciarse en un lineal lleno de etiquetas que dicen lo mismo.
El reto no era construir sobre un legado familiar. Era crear un legado desde cero, con criterio y con una dirección de arte que pusiera la marca en el mapa de golpe.
El aceite de oliva es uno de los sectores más saturados visualmente: verde oliva, dorado, tipografías de pergamino, ilustraciones de ramas. Todo comunica lo mismo, nadie destaca.
La pregunta era cómo hablar de calidad, origen y artesanía sin usar el lenguaje de siempre. La respuesta fue radical: quitar todo eso y dejar solo el rojo. Un rojo total, sin concesiones, que convierte cada botella en un objeto que quieres tener en la encimera.




El punto de partida fue la DO Baena: entender qué la hace singular, qué la diferencia de Jaén o de Priego de Córdoba, qué tiene que no tiene nadie más. Esa conversación definió el territorio de la marca — no la tierra en sentido folclórico, sino la precisión, la exigencia y el carácter que hay detrás de un aceite con denominación de origen.
De ahí surgió la dirección de arte: rojo total como color protagonista, tipografía de palo seco con personalidad propia y un sistema gráfico limpio que funciona igual en una etiqueta de 4 cm que en un lateral de caja. Sin ilustraciones, sin texturas envejecidas, sin nada que no sea necesario.
El packaging se resolvió en tres formatos: botella de 500ml para retail, lata de 250ml para regalo y estuche de edición limitada. Cada uno habla el mismo idioma con registros distintos — el mismo carácter, distinta ocasión.
Una marca nueva que desde el primer día parece consolidada. El rojo funcionó exactamente como se esperaba: genera parada, genera conversación, genera deseo. Una botella de Prado Castells no pasa desapercibida en ningún lineal.
El perfil de Instagram arrancó con fuerza — 7.900 seguidores en los primeros meses — y la marca entró directamente en el segmento premium sin necesitar años de recorrido para ganarse la percepción de calidad.
Que una marca nueva puede tener peso desde el primer día si la dirección de arte es valiente. No hace falta historia si tienes carácter. No hace falta herencia si tienes criterio.
Prado Castells demostró que el sector del aceite premium tiene espacio para quien se atreva a no parecerse a nadie más.